APRENDER A EDUCAR, ENSEÑAR A VIVIR
Nadie nos ha enseñado a ser padres. Se
aprende con la experiencia, con la observación y la intuición.
Intentamos aportar lo mejor para nuestros hijos y aún así, muchas
veces desarrollamos una conducta de sobreprotección en nuestra
manera de manifestar la educación debido al intento de evitar todo
malestar o sufrimiento de nuestros hijos. En más casos de los
deseados, esto conduce a un desequilibrio que desalienta a toda la
estructura familiar.
Esta sobreprotección tiene múltiples consecuencias: niños y niñas
que desarrollan una baja autoestima, no se sienten orgullosos de sus
capacidades y presentan una baja autonomía. Además, muestran una
falta de interés generalizado por los temas que le conciernen, ya
que delegan en los demás le resolución de sus problemas.
Una parte muy importante del trabajo de mi gabinete, se basa en
asesorar a los padres sobre cómo manejar un estilo educativo
asertivo, gracias al cual, el niño o la niña crece y se desarrolla
seguro de sí mismo, con una autonomía personal e interés por
alcanzar objetivos importantes para su crecimiento personal.